En los próximos días iré desgranando lo que dio de sí la travesía en bicicleta por la Cordillera Cantábrica, pero antes de hablaros de paisajes y pueblos preciosos, antes de hablaros de los sufrimientos, de los esfuerzos, del compañerismo, o de los personajes que nos fuimos encontrando en el viaje, tengo que advertiros del cuidado que debéis tener los que realicéis cualquier tipo de salida, por cercanas o lejanas tierras, con los salteadores de caminos o bandoleros.
A nosotros nos atracaron al comienzo de la cuarta etapa, habíamos salido de Saliencia y tras subir el Alto de La Farrapona nos descolgábamos raudos por la pista que lleva a Torrestío, pueblecito de la Babia leonesa del que parten numerosas excursiones hacia los lagos de Somiedo o el camino Real de La Mesa. No llevábamos apenas comida y decidimos entrar en el único bar del pueblo para aprovisionarnos un poco. El bar de Torrestío aparenta ser un bar normal, como el de cualquier pueblo, pero no lo es, y lo malo es que no lo descubres hasta el final. Recorriendo con la mirada los pequeños estantes con sus botellas de licores, los sifones, llaveros, la vieja báscula o el dispensador de aceite, nuestra vista se detiene en un mural que recopila montones de lemas del llamado movimiento 15-M, está claro que la mujer que nos atiende es una indignada, está en contra de las injusticias, de las desigualdades que impone el sistema...
Eramos cuatro y ella una sola pero no le tembló la voz cuando nos dio el precio de los cuatro botes de Aquarius, los doscientos gramos de jamón, doscientos de cecina y doscientos de queso que habíamos pedido para hacer más llevadero el día. Muy segura, la indignada nos dijo: "son 36 euros", y como por arte de magia nos trasvasó su indignación no sólo para ese día sino para el resto del viaje ¡Menudo robo!¡Vaya pasada!
Mi consejo es que si tenéis pensado pasar por Torrestío llevéis los bocadillos de casa y si no, que os vayáis a comer a Saliencia o a San Emiliano, porque está claro que el bandolerismo existe aunque sea sin escopeta.
La imagen que se ve arriba asociada al lema de poco "pan para tanto chorizo", es la otra cara de la moneda", es la mitad del bocadillo con el que nos obsequiaron a cambio de seis euros en el popular "Casa Ezequiel", en Villamanin. Con él, comimos dos días cogiéndolo con mucho cuidado por si en el pie nos caía semejante ladrillo.
A nosotros nos atracaron al comienzo de la cuarta etapa, habíamos salido de Saliencia y tras subir el Alto de La Farrapona nos descolgábamos raudos por la pista que lleva a Torrestío, pueblecito de la Babia leonesa del que parten numerosas excursiones hacia los lagos de Somiedo o el camino Real de La Mesa. No llevábamos apenas comida y decidimos entrar en el único bar del pueblo para aprovisionarnos un poco. El bar de Torrestío aparenta ser un bar normal, como el de cualquier pueblo, pero no lo es, y lo malo es que no lo descubres hasta el final. Recorriendo con la mirada los pequeños estantes con sus botellas de licores, los sifones, llaveros, la vieja báscula o el dispensador de aceite, nuestra vista se detiene en un mural que recopila montones de lemas del llamado movimiento 15-M, está claro que la mujer que nos atiende es una indignada, está en contra de las injusticias, de las desigualdades que impone el sistema...
Eramos cuatro y ella una sola pero no le tembló la voz cuando nos dio el precio de los cuatro botes de Aquarius, los doscientos gramos de jamón, doscientos de cecina y doscientos de queso que habíamos pedido para hacer más llevadero el día. Muy segura, la indignada nos dijo: "son 36 euros", y como por arte de magia nos trasvasó su indignación no sólo para ese día sino para el resto del viaje ¡Menudo robo!¡Vaya pasada!
Mi consejo es que si tenéis pensado pasar por Torrestío llevéis los bocadillos de casa y si no, que os vayáis a comer a Saliencia o a San Emiliano, porque está claro que el bandolerismo existe aunque sea sin escopeta.
La imagen que se ve arriba asociada al lema de poco "pan para tanto chorizo", es la otra cara de la moneda", es la mitad del bocadillo con el que nos obsequiaron a cambio de seis euros en el popular "Casa Ezequiel", en Villamanin. Con él, comimos dos días cogiéndolo con mucho cuidado por si en el pie nos caía semejante ladrillo.