jueves, 30 de septiembre de 2010

Mundo perfecto

No podía dormir. Se levantó, se vistió y salió a caminar, lo hizo sin rumbo durante horas, avanzando en la noche sin luna, y sólo cuando sintió el crujido de las ramas y un mullido colchón de hojas bajo sus pies reparó en que no conocía el lugar y, se asustó. Todos los miedos de la infancia le miraron a los ojos cuando se encontró en aquel lugar irreconocible totalmente a oscuras. Sintió su respiración, el pálpito acelerado de los latidos de su corazón y el frío, escuchó el rumor de las hojas mecidas por el viento y se zafó como pudo de las extremidades de madera que intentaron abrazarlo. El bosque vive de noche, cientos de ruidos, unos a lo lejos, otros más cerca, llegaban a sus oídos, sudaba pánico. Intentó tranquilizarse. Desorientado, sin atreverse a moverse buscó una salida imposible. Al fin, a lo lejos vislumbró una luz tenue, un resplandor anaranjado que aparecía y desaparecía intermitente. Tanteando el terreno con pasos inseguros se dirigió hacia la luz. Al acercarse lo vio. Frente a la pequeña hoguera, sentado junto al fuego, un viejo, vestido con un sucio abrigo y un gorro de lana, alzaba las palmas de las manos buscando templar el cuerpo. El caminante insomne se detuvo a una distancia prudente y haciéndose presente en la espesura, con voz temblorosa saludó al Viejo. No pretendía asustarlo.

-Buena noche -dijo.

-Buena noche. Se bienvenido. Ven, siéntate ya que has venido para quedarte -afirmó el Viejo sin inmutarse. La presencia no le era extraña.

- No, sólo estoy buscando una salida ¿puede ayudarme?

-Lo haría si tuvieras las respuestas.

-¿Respuestas? ¿A qué?

-Ahora lo verás. Si quieres salir del bosque tendrás que responder, es la norma.

Sin entender nada el Caminante se preparó y escuchó con resignación, y el Viejo planteó una pregunta que encerraba muchas preguntas.

-¿Cómo es tu mundo perfecto? Quiero saber como sería tu mundo, y de la respuesta dependerá que salgas de este lugar para seguir viviendo tu vida imperfecta. Imagínatelo, imagínate que eres Dios, crea un nuevo mundo y dime como sería. Todo vale, pero mi propuesta es que trates de crear un mundo perfecto.

Y ante el asombro del Caminante el anciano prosiguió preguntando como si recitara una extraña letanía repetida cientos de veces, miles de veces.

-¿En tu mundo estaría negado el progreso? ¿Habría muchas razas o sólo una? ¿Habría fronteras o una nación única? ¿Quién gobernaría? ¿Sería necesario? ¿Sería una Torre de Babel? ¿En tu mundo perfecto, existirían humanos? ¿Sólo hombres? ¿Sólo mujeres? ¿Cómo se reproducirían? ¿Prefieres la partenogénesis, la reproducción asexual? ¿Habría ciudades? Puedes limitar el número de habitantes ¿serían pequeñas o grandes? ¿Cómo entenderían la muerte? ¿Enfermarían? ¿Desaparecerían? ¿Habría orden? ¿Quién lo impondría? ¿Seguirían existiendo buenos y malos en tu mundo perfecto? ¿Qué moral?...

Y así siguió preguntando hasta el infinito porque la noche era eterna y al Caminante se le ocurrieron muchas respuestas y ninguna era buena.

martes, 28 de septiembre de 2010

Retomando los domingos



Aunque no haya contado nada en este par de días, hubo salida en bici el pasado domingo. Son las primeras después de los meses de vacaciones y se hacen duras, suponen el deber de recordar a los músculos por que tienen que madrugar en lugar de quedar tranquilamente en la cama... enseguida se acostumbrarán. Las vueltas siempre están marcadas con la intención de recuperar la rutina que nos da el fuelle para ir bajando valles y subiendo montañas. En Pelayo nos juntamos un sexteto que después por circunstancias se convirtió en dúo y cuarteto. Allí esperaba el de siempre, Roberto que nunca falla, también estaba Michel, con ganas de rodar junto al desaparecido Fermín, también se asomó Oscar, Valentín, y Jose Manuel y un servidor, que acostumbramos a ir en el mismo pack. La ruta que tocó fue la clásica que nos lleva hasta la Playa de España, transcurrió por la senda de Deva, la subida por la trialera hasta La Olla, el Curbiellu, San Miguel de Arroes, Rio España, Castiello de la Marina, Playa de España, Quintes y vuelta otra vez pasando por Arroes. Una ruta ligera, agradable, e ideal para ir cogiendo el tono mientras se charla un poco, otros domingos habrá para sufrir. En el alto del Curbiellu, Oscar y Valentín optaron por una ruta alternativa y algo más corta debido a sus múltiples obligaciones. Eso no sé donde les va a llevar porque igual que se acorta el tiempo deberá aumentarse la intensidad del entrenamiento y conozco a uno que con estas cosas se relame.

Como el maquinista

¿Has visto "El maquinista", la película protagonizada por Christian Bale? Siempre me llamó la atención esa película por el esfuerzo que tuvo que hacer para llegar a la delgadez enfermiza de la que hace gala en la película. Son de valorar esos esfuerzos interpretativos que conllevan el destrozarte el físico, como cuando Robert De Niro engordó veintisiete kilos para encarnar a un acabado Jake La Motta en Toro Salvaje, una de las mejores películas sobre boxeo que se hayan hecho nunca. Por lo menos a De Niro le dieron el Oscar por aquella interpretación y se pudo poner morado de comer hamburguesas, no como Christian que se pasó cuatro meses tomando una taza de café y una manzana al día para perder 28 kilos. Después ya lo tuvieron que parar porque, el muy cafre, quería adelgazar nueve kilos más. Me parece que adelgazar tanto ya le debía estar afectando un poco a la cabeza y por eso bordó el papel en la peli.

Vuelvo a El maquinista. El protagonista es un trabajador de una factoría envuelto en una paranoia, que lleva un año sin dormir y sin apenas comer y vive atormentado por miedos e imágenes que se cuelan en su cabeza y que hacen que cuando ves la película no sepas si estás viviendo la realidad o la fantasía que habita en su mente enferma.

Y ahora al tema de la entrada, que viene a cuento del insomnio. Yo soy el maquinista, ya lo era antes, y ahora que mi vecino ha tenido la idea de poner una cubierta de pvc y poliuretano sobre su tendal, en la que las gotas de lluvia resuenan como las flechas contra los escudos, lo soy más, es por eso que recuerdo a Christian Bale.

¡Vaya inventos!


lunes, 27 de septiembre de 2010

Diecisiete años y loca


No sería justo que llegara el día de hoy y no os hablara de Clarisse, ya que acabé con ella mi post del viernes. Clarisse McClellan es un personaje que aparece en el libro de Ray Bradbury, Fahrenheit 451.
Clarisse es una chica de diecisiete años que se pregunta siempre el por qué de las cosas y a la que le gusta leer, hablar, escuchar, contar historias y que se las cuenten. Sin embargo, eso en el mundo en el que habita Clarisse está prohibido. En ese mundo futuro que se imaginó Bradbury, está prohibido saber, está prohibido leer y está prohibido pensar, todo eso es nocivo y por eso en ese mundo los bomberos en vez de apagar fuegos, queman libros. Lo que en un principio parece una imposición del gobierno, la negación del conocimiento, es para la sociedad algo que se asume con naturalidad, a la gente no le importa nada que no sea ver en las pantallas de plasma seriales absurdos. Al principio del libro Clarisse conoce a un bombero, Guy Montag, al que abre los ojos al mundo que él quema con su lanzallamas, interesándole por esos libros que hace cenizas y haciendo que se cuestione si es feliz con la vida que lleva, una vida que todos viven como autómatas sin apreciar ya no solo el conocimiento sino las cosas más simples y naturales y no por ello menos bellas.

No seguiré contando para no arruinaros el final, pero dentro de la filosofía que encierra este clásico de ciencia-ficción, uno puede sacar varias conclusiones y entre ellas preguntarse si de verdad no acabaremos en ese mundo imperfecto donde no se ve otra cosa que programas estériles en la televisión, los libros son reliquias en manos de proscritos y nadie es capaz de disfrutar de unas gotas de rocío o una puesta de sol.

viernes, 24 de septiembre de 2010

El día que conocí a Clarisse

En mi rutinaria vida a veces pasan cosas que merecen ser contadas. Una tarde en la que iba de paseo con mis hijos por el centro de la ciudad entré sin querer en un lugar muy curioso. Así empezó todo.

Realmente no sé muy bien como ocurrió, sólo te puedo decir que íbamos caminando por una calle de aceras estrechas, a las que no llegaba la luz del sol, sintiendo como en nuestros brazos desnudos se erizaba el vello acariciado por la brisa que anuncia el otoño, cuando de pronto, al tratar de esquivar a una joven mamá que empujaba un enorme carrito de bebé, perdí el equilibrio y caí sobre una puerta que se batió hacia dentro como empujada por el soplo del viento. No me dio tiempo a caer, una mano blanca como la nieve se deslizó suavemente bajo la mía como esa mano galante que te invita a un baile. Era una mano suave y delicada y su dueña la criatura mas bella que yo haya visto en mi vida, llevaba un traje de época y su cutis perfecto, tan fino como la seda, remarcaba sus seductores labios carmesí. En sus ojos azules como el océano me hubiera ahogado sin pena. Recuerdo su sonrisa y el lunar junto a su boca. Me lanzó delicadamente hacia el centro del salón para seguir danzando junto a su acompañante y la perdí para siempre. Era un baile, un baile de disfraces, y allí estaba yo, en el medio del salón mirándome de arriba abajo, abochornado, y mas rojo que un tomate sintiéndome el centro de todas las miradas. La gente era muy rara. Se me presentó un señor muy flaquito con pinta de mendigo y una larga barba blanca que llevaba por única prenda un taparrabos y me dijo: "Bienvenido. Yo soy Viernes, ven te presentaré más gente". Y así lo hizo, cogiéndome de la mano me arrastró por el salón en el que muchos hablaban en lenguas extrañas, presentándome a príncipes y a mendigos, a hermosas damas, a reyes, a magos, a brujas, a espadachines, y a multitud de gente con vestiduras exóticas. Tan pronto como me los presentaba desaparecían y al tiempo, sin pausa, aparecían otros en una rueda sin fin. Al cabo de un rato me encontré completamente abrumado, empecé a sentirme mal, mareado... perdí el conocimiento.

Después no recuerdo más, hasta que oí un familiar...

-Papá, papá ¿Cuándo nos vamos?

La voz cantarina me sacó de mi ensimismamiento.

-Ya, nos vamos ya. Déjame pagar esto.

Y nos fuimos de nuestra librería favorita volviendo a sentir la brisa del norte, buscando eso si, una calle donde no hubiera sombras, y con Clarisse de la mano.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Sin encontrarme



Este blog ya no se conoce, ya no sabe cual es su identidad, ¿cuánto tiempo hace que no se habla de bicicletas? Bueno, parece que ya pasó todo. El otro día salí a probarme, salí a buscarme, aunque tengo que confesar que no me encontré. Me busqué en cada rostro que miraba, en cada bicicleta que me cruzaba, pero no me encontré. Creo, no estoy seguro, que fui mal en las subidas y con demasiada tensión en las bajadas. Dudando, dudando, tomé con desmedida precaución la primera curva por los caminos de grava y descubrí algo que no sabía de mi bicicleta, y es que igual que los perros huelen el miedo, ella percibía mi torpeza y se divertía haciéndome jugarretas.

No me encontré, pero algún día, mas pronto que tarde, lo haré.

Poco a poco, que diría el doctor, es Vd. un paciente en rehabilitación.

Algo constaté, es verdad que los músculos tienen memoria, recuerdan los esfuerzos y...los golpes.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Dalton Ghetti y sus miniaturas




Estas cosas siempre llegan, no sé muy bien porqué, vía mail. Al principio las miro con el escepticismo de pensar que en este mundo cibernético todo es susceptible de ser falso, pero cuando algo despierta mi interés me aseguro de que lo sea para evitar ningunear injustamente a quien no se lo merece. Eso hice cuando me llegó este e-mail -gracias Manu- de unas curiosas imágenes de esculturas talladas en las minas de grafito de unos lápices. Descubrí que detrás de las increíbles miniobras de arte estaban las manos del artista Dalton Ghetti, un carpintero brasileño que se entretiene haciendo estas maravillas. Aunque uno pudiera pensar que utiliza herramientas de altísima precisión, parece que le bastan como únicos utensilios un cuchillo, una hoja de afeitar y una aguja de coser.

Después de ver esta muestra de su habilidad no te preguntas cuantas picas se habrán roto en el último instante.










martes, 21 de septiembre de 2010

Vuelta a Peña Ubiña

El sábado anduve por Peña Ubiña, me acompañaron Jose Manuel y ese grupo de amigos que ha cogido el gusto de desplazarse desde Madrid para disfrutar de unos fines de semana distintos. Espero que Manu, Juanjo, Luis, Maribel y Lorena, rentabilicen los buenos momentos que pasamos juntos y guarden siempre un bonito recuerdo de los sitios que visitamos.

No fue el día ideal, una pena que sobraran algunas nubes para poder disfrutar de las vistas que ofrece la cumbre de Peña Ubiña, de hecho las nubes nos acompañaron desde Tuiza hasta el refugio del Meicín haciendo que el valle pareciera que se estaba quemando. Después hubo que abrigarse, como siempre que se gana el collado de Terreros, y seguir caminando con la esperanza de ver el cielo despejado. No hubo suerte, sólo en la subida nos pudimos asomar al balcón para ver pequeñito a Torrebarrio y como se extiende la Babia leonesa. A pesar de todo, resultó bonito comprobar los progresos de mis acompañantes en las pequeñas trepas por la arista que lleva a la cima. Sólo me preocupa que a este paso todo se les va a quedar pequeño, ya me veo haciendo un curso de alpinismo.

Gracias por poner una sonrisa en cada esfuerzo.



¿Acierto si escuchas Home, de Blake Shelton?

lunes, 20 de septiembre de 2010

La ventana

-¡Cuidado!¡Tenga cuidado! Esa acera es peligrosa, podría caerle algo encima.
-¿Algo? ¿Algo, cómo qué?
-Pues lo mismo le puede caer una guitarra, ¡mire, ahí va una!
-¡Ay dios, es verdad!

Había que asumir riesgos para pasar por debajo de aquella ventana, cualquier cosa se te podía venir encima, te podían llover guitarras eléctricas, bajos, baterías, teclados, una clave de sol... en una ocasión hasta salió volando un tipo con melenas y chupa de cuero. Lamentablemente abajo no había público para recogerlo. Era tal la turbulencia que emanaba de aquella ventana, que las palomas despistadas que por allí pasaban eran lanzadas por una corriente atronadora contra la fachada del edificio de enfrente, algunas se salvaban pero otras descontroladas se estrellaban contra la pared. En el interior de la casa sucedían fenómenos extraños, los cristales vibraban, las gemelas agujas del amplificador rebotaban contra los topes y los altavoces corrían por encima de la librería del salón amenazando con saltar al vacío. Pero había otros ruidos más extraños, venían del piso de arriba, eran repetitivos y secos y no llevaban el ritmo. Esos poltergeist eran contestados como un eco, bastaba con reproducir con la escoba los golpes en el techo, a veces hasta se devolvía alguno de más.

Esta la conozco, Rock you like a hurricane, de los Scorpions, ¿no?



viernes, 17 de septiembre de 2010

Breve historia mafiosa


Habían sido unos tipos sucios y ahora lo pagaban. Aquella mañana volvió, aún quedaban cosas por hacer. Estaban tal como los había dejado el día anterior. Ante sus ojos decenas de cuerpos mutilados pendían, algunos de pie otros boca abajo, sobre el vacío. Extraños, sin cabezas ni brazos, algunos eran enanos. En respetuoso silencio procedió con el solemne ceremonial. Descolgándolos uno a uno los fue depositando unos sobre otros. El ambiente era seco y no había olor en aquella montaña informe. Era la primera parte del trabajo, no se lo había ordenado nadie, tampoco hacía falta, él sabía muy bien que era lo que tenía que hacer. Los trasladó de un viaje, eran ligeros, ya no había almas. Dudó al principio en arrojarlos al mar con un buen lastre de hormigón, al mas puro estilo del Chicago de los años 30, pero sin extremidades el trabajo resultaría demasiado penoso. Se subió a la apisonadora. Adelante, atrás, adelante, atrás, adelante, atrás.

-Buen trabajo, Clemenzza- dijo para sí, mientras desenchufaba la plancha. La próxima caída deberá ser sobre el lado derecho.

Otras cosas

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