viernes, 31 de diciembre de 2010

Pasen y vean






Así son los blogs, yo fui el último en enterarme. Como no soy de este mundo ni de ninguno, normalmente las cosas me las tropiezo. Con los blogs pasó lo mismo. Ahora que el mio empieza a andar solo, voy notando como crece poco a poco, como cambia, como va madurando, haciéndose más fuerte, forjándose un carácter. Descubro también en los demás lo que yo ya había experimentado en mi mismo, que cada blog es un mundo y que en el mundo somos muchos y muy distintos, y que por eso, yo que paso por unos cuantos, sólo me quedo en alguno, y cuando lo hago es porque me doy cuenta de que la persona que lo escribe en el fondo o en la superficie se parece a mi.

Tengo la impresión, creo que acertada, de que la mayoría de los que una vez me visitasteis, por azar o no, y luego os habéis quedado, lo haceis también por eso, porque sois un poco como yo, y eso además de no me parecer malo, me hace muy feliz. Con vosotros me siento muy bien acompañado. ¡¡Feliz 2011!!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Son buenas fechas...




Son buenas fechas para regalar un libro, o pedir que te lo regalen, o regalártelo tú mismo (esto último es lo que yo suelo hacer). Hace unos días finalicé la lectura de "La Caída de los Gigantes", la novela de Ken Follet que se alza en pilas por las librerías y centros comerciales convirtiendo la sección de lectura en un pequeño Manhattan. Como esperaba, las mil páginas se me han quedado cortas y he ralentizado su lectura a medida que me aproximaba al final porque me daba pena acabarlo. Como forma parte de una trilogía, "The Century", sólo me resta esperar a que se ponga a la venta la segunda parte para ver como sigue la vida de los protagonistas. La novela ha sido una buena forma de repasar la historia del primer cuarto del siglo XX. Sus personajes a pesar de ser de países distintos como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Rusia, han cruzado sus vidas y sufrido, muchos en primera persona, las penurias de participar en una guerra tan cruenta como fue la Primera Guerra Mundial. Sobre todo se aprecia mucho rigor histórico y aunque la guerra se hace larga, más larga se hizo para los que la padecieron, diez millones de muertos, son muchos muertos. Recomendado.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

el rey, con minúsculas.


Los reyes magos son magos de verdad, yo como no lo soy, ando desbordado. A ello contribuye que el cartero no me hace llegar las cartas, ignoro la razón. Así que me veo recorriendo calles, y subiendo y bajando escaleras, me veo tropezando con cientos de reyes magos que cargan con sus regalos, me veo deambulando por el centro de la ciudad asomándome a curiosear en las tiendas, me veo afanándome en tratar de acertar: con el gusto, con el tacto, con la talla, con el color y, aunque suene materialista decirlo, con el precio.

Mi consuelo es el mismo que el tuyo, el del mal de muchos.

martes, 28 de diciembre de 2010

Dibuja la noche



Dibuja la noche
su luna en creciente,
todas parecen iguales,
hoy es diferente.

Se abrió un abanico,
naipes sobre el tapete,
todos parecen iguales,
uno es diferente.

No te reconocen,
pocos pueden verte,
todas son iguales,
tú eres diferente.

Soy la carta marcada
mezclada entre la gente,
todas son iguales,
yo soy diferente.

Nocturno para piano y violín- Chopin

lunes, 27 de diciembre de 2010

¡Vaya frío!


Hubo frío, buenos amigos, risas, nieve, el belén y la marimorena... Que fría fue la Mañanabuena, incluso alguien planteó la posibilidad de cambiarla de fecha. Pero no sería lo mismo, nos parecería raro y el cava tendríamos que llevarlo en nevera. Sin embargo ahora no, la sidra champanada estaba a la temperatura óptima y nosotros como si nos hubiesemos introducido con ella dentro del frigorífico.

Fermín, la próxima vez habrá que llevar los langostinos pelados.

Turonman, llevó nuestro Belén recortable.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Hoy es mañanabuena

Esta mañana me la pasaré dando pedales en compañía de buenos amigos. Cumpliremos con la tradicional marcha de mañanabuena hasta la Peña de Los Cuatro Jueces, punto más alto del concejo de Gijón y vértice de encuentro con los concejos de Villaviciosa, Sariego y Siero. Degustaremos como si estuviésemos delante de una buena mesa, los langostinos, los dulces típicos y la sidra champanada y seguramente bajo la lluvia y muertos de frío, brindaremos y cantaremos el villancico que algunos de mis amigos repechinos han hecho para que no nos falte de nada, ni canción, ni belén, ni villancico. ¡que suerte tener amigos así! Gracias a Roberto, Seve y Alberto.





miércoles, 22 de diciembre de 2010

Un buen consejo


Este es un buen día para dar un consejo heredado y vuelto del revés. Gracias a él estoy curándome de un mal que padezco desde pequeñito y que además es hereditario y contagioso. Afortunadamente no es grave y está en vías de solución. Me llegó el remedio de tierras lejanas como brebaje de chamán, y seguí las instrucciones como si me las hubiera dado un buen doctor. Ahora ya no me paso las horas buscando por casa las llaves, ni la cartera, ni el móvil. Sí, todo en mis manos era susceptible de perderse durante un tiempo, las cosas desaparecían y aparecían como si viajaran de una dimensión a otra, pero ahora, antes de dejarlo todo por cualquier rincón, recuerdo el consejo y siempre me pregunto: ¿Dónde van las cosas? y me respondo: siempre en el mismo sitio. Así de simple y así de útil.

Estoy seguro de que te gustará la flor.

martes, 21 de diciembre de 2010

El jamón

No soy un anciano decrépito, no tengo la espalda encorvada, ni una canosa barba a modo de babero pero las cosas han cambiado mucho desde que era niño y guardo algunos recuerdos.

En las calles en las que jugaba de pequeño apenas pasaban coches, no había peligros, todos nos conocíamos y todos nos conocían, un privilegio por haber nacido en el viejo barrio de pescadores, en la vieja y originaria Gigia. En aquellos días en los que el mundo se reducía al entramado de calles que cada uno disfrutaba alrededor de su casa y en los que salir al extramundo era ir cada día hasta el colegio, que quedaba a unos pocos metros del Ayuntamiento, sólo tengo el recuerdo de dos personas que por su exotismo destacaban entre el resto.

Gijón es una ciudad abierta al mar y con un puerto importante, así que no era difícil encontrarse con marineros de otros paises, pero fijos residentes que yo conociera en mi infancia, sólo recuerdo dos, un chino y un marroquí. El chino se casó con una nativa y vivió en la gijonesa plaza de la Soledad, su casa estaba pegada a la de mis bisabuelos, regentaba un mesón en la planta baja y fabricaba farolillos y adornos de papel que lucían muy bonitos en las fiestas del barrio y durante el resto del año en el corredor de su casa. Un moro frecuentaba el barrio por aquel entonces, vestido con la tradicional chilaba se dedicaba a la venta ambulante, iba por las calles y los bares portando su muestrario de relojes, pulseras, bolígrafos y cosas por el estilo. Le llamábamos Chomil porque con él siempre había que regatear y cuando le preguntaban el precio de algo, él respondía a todo: "chomil, chomil". Chomil era simpático y lucía una dentadura enorme como la de un camello. Mi amigo Roberto solía bromear con él, cogía una bandeja de pinchos de la barra del bar de su padre y se la ofrecía a Chomil diciendo: ¿Chomil, un poco de jamón?¿Un poco de chorizo? y Chomil salía corriendo y detrás de él Roberto hacía lo propio con la bandeja en la mano, nos reíamos mucho. ¡Que tiempos!

A Chomil nunca se le hubiera pasado por la imaginación denunciar a nadie, como han hecho los padres del niño musulman que se sintió ofendido porque el profesor utilizó como ejemplo para ilustrar una lección la curación de un alimento tan español como un jamón. ¡Que tontería! una cosa es que no lo coman, pero que no se nombre ya es rizar el rizo. Ya me imagino lo que hubiese pasado en mi colegio de haber ocurrido una gilipollez semejante, todos hubiesemos empezado a decir: ja-món-ja-món-ja-món-ja-món-ja-món-ja.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El extraordinario caso de Jacinto Salvia

Habían transcurrido varias horas pero la calle seguía llena de curiosos, marchaban unos y llegaban otros, se paraban y escuchaban en corro la explicación del suceso. Siempre la daba el más tonto, demasiadas teleseries de detectives. Las cámaras de televisión se habían hecho un hueco desde el primer momento y hasta alguna había hecho conexiones en directo con el telediario. Los micrófonos asaltaban a los vecinos y aunque algunos se mostraban huidizos, no faltaban voluntarios para salir en la tele. Algunos como buenos extras tenían frase, y otros se conformaban con pasar por el fondo de las imágenes y saludar. No tengo nombre para denominar a los de esta subespecie.

-Dígame, ¿Conocía Vd. al fallecido? - El locuaz entrevistador preguntaba con voz impostada a una señora de mediana edad que vestía mandilón y zapatillas.

-Sí, si, le conocía, mi hija y mi yerno eran vecinos suyos, viven justo encima.

- Cuénteme ¿Cómo definiría Vd. a esta persona?

-Pues mire, a mi me parecía una persona muy normal. Siempre daba los buenos días. Muy normal, muy normal. Nunca hubiese sospechado que fuera a acabar así.

-Bueno, bueno, pues permítame que le diga que eso de dar los buenos días, muy normal, muy normal, no es.

-Ya, tiene razón, ahora que lo pienso eso no es muy normal, ¡Uy! me estoy acordando ahora de un día que me vio llegar cargada con una bolsa al portal y me la subió hasta casa de mi hija.

-¡Que barbaridad! ¿Eso no la hizo sospechar? Con esos antecedentes ya se veía que el hombre no estaba bien. Quizás se podría haber evitado que hubiese hecho algo así.

-Ya, pero quien lo iba a pensar.

Un despistado dejó caer la pregunta sobre un grupo que miraba hacia arriba con los ojos puestos en la fachada. - ¿Qué ha ocurrido?

Respondió un enterado con la misma seguridad que lo haría el comisario de la policía- El del tercero. ¿Ve allí, donde están las macetas? Las flores eran la clave.


Dos días antes Matilde Menta había llamado con insistencia a la casa de su vecino y amigo, don Jacinto Salvia, ante la falta de respuesta, telefoneó preocupada a la policía. Jacinto nunca abandonaba su casa sin avisar y mucho menos faltaba a su diaria cita con la Sra. Matilde para tomar el té de las cinco. La policía se personó en el número 33 de la C/Magnolia y aporreó la puerta, sin esperanzas de hallar respuesta, en el tercero izquierda. Unos minutos después y con la ayuda de los bomberos accedieron al interior de la vivienda fracturando el cristal de la ventana que daba a la calle. Cuando entraron descubrieron que la casa de don Jacinto era un auténtico jardín, había flores por todas partes. Avanzando con cuidado pasaron de puntillas entre el sinfín de macetas esparcidas en aparente desorden por la habitación y siguieron por el pasillo, al llegar a la cocina se sobresaltaron al encontrar el cadáver de don Jacinto Salvia. Don Jacinto fue descubierto boca abajo en medio de un gran charco de agua, delante tenía una maceta con un rosal enano y a su lado un periódico abierto por la página de las esquelas, no había signos de violencia y la vivienda estaba en orden. Como era costumbre en don Jacinto el pestillo estaba echado por dentro y las ventanas cerradas, lo que descartaba que hubiese accedido a la vivienda alguien del exterior. Todo apuntaba a una muerte natural, y así se hubiera tratado de no ser porque no había explicación aparente al charco que había en el suelo de la cocina. No había fugas de agua, ni mangueras, ni vasos, ni botellas, ni regaderas. Nada. Así que la aparente muerte natural de don Jacinto se volvió investigación criminal y la casa se llenó de gente que hacía equilibrios pasando como bailarinas de ballet entre azaleas, jazmines, gardenias, geranios... la lista parecía interminable. La policía científica hizo la última foto de don Jacinto Salvia en un poco favorecedor decúbito prono, recogió huellas y toda clase de muestras y después, con la autorización del Juez y el visto bueno del médico forense, los empleados de la funeraria procedieron al levantamiento del cadáver.

La expectación estaba justificada, era un caso único. Por la mañana la policía había dado una rueda de prensa en la que anunciaba la resolución del caso. Los resultados de la autopsia desvelaron el misterio y pusieron en primera plana de la actualidad el extraordinario caso de don Jacinto Salvia. La rápida investigación concluyó que el pobre hombre murió deshidratado al no poder controlar el llanto. El charco no era de agua, si no de lágrimas. La hipótesis de la policía concluyó que don Jacinto Salvia era un demente que creía que las plantas crecían más bonitas si las regaba con sus lágrimas. De los testimonios recogidos por los investigadores, en los que fue vital la colaboración de la Sra. Matilde y de don Narciso, el tendero de la esquina, se dedujo que al principio utilizó el viejo truco de picar cebolla hasta que con el tiempo fue perfeccionando la técnica y sólo necesitaba para llorar motivos tristes, las lágrimas brotaban prácticamente solas, bastaba un pequeño repaso a las esquelas, o como atestiguó su vecina Matilde, ver el culebrón de la tarde para empezar a llorar descontroladamente. El fatídico día que fue incapaz de frenar el llanto, Jacinto se murió deshidratado y de pura tristeza. Extraordinario.

viernes, 17 de diciembre de 2010

¿Quién eres?


No te conozco ¿Quién eres?
Te escondiste detrás de tus ojos verdes
mientras el sol se despedía hasta mañana,
pintando de rojo los cielos,
y más que verte te adiviné,
espectro del ángel caído.
Difuminada silueta apareces
tras las fuentes de luz cegadora
de tus ojos verdes.
Ojos verdes hechiceros,
ojos profundos, ojos serenos,
ojos que hipnotizan, que atraen,
como las aguas del lago esmeralda
donde duermen las náyades,
donde se asoma sin dudar el nadador suicida,
que se desnuda, que salta,
que se consume en el río de lava,
en el magma ardiente
del volcán oculto, latente,
que se esconde detrás de tus ojos verdes.

Otras cosas

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