lunes, 14 de febrero de 2011

Al paso


Afortunadamente no hay que irse muy lejos para disfrutar de un tranquilo y agradable paseo en la naturaleza. Lo demás es redescubrir lo conocido, es ver lo que normalmente no ves, es apreciar los detalles, lo que ignoras cuando pasas a otra velocidad. Veo el óxido de las alambradas, me paro con perros que salen a mi encuentro moviendo la cola -son los mismos que otros días me ladran-, veo sus casas y las arrugas de sus dueños. Descubro otros caminos, las formas de las piedras, me siento a comer una manzana, el sol baja... me gusta ir al paso.


viernes, 11 de febrero de 2011

Telegrama


En ocasiones el invierno regala mañanas de primavera stop Ayer tuvo esa gentileza stop algunos la aprovechamos stop hubiera sido una pena no hacerlo stop Fue la primera mañana de corto del año stop alguno iba vestido como si fuera a pasar el Polo stop Mis compañeros de ruta, eran unos animales stop

jueves, 10 de febrero de 2011

El sol de invierno


Hay que aprovechar el sol del invierno, "ese hermoso sol de invierno que es más hermoso que en verano; porque no lo esperas, porque es frágil, y porque sabes que no puede, que no debe durar mucho. Es un regalo inesperado, un don de los dioses, es esa buena suerte con la que no contabas". Por eso mismo, por esa bonita descripción del sol que encontré en una página de Conrad, salí con mi bicicleta, solitario, a recuperar un domingo. Era martes y el sol era de invierno, era la buena suerte con la que no contaba.

miércoles, 9 de febrero de 2011

La noche


Serían aproximadamente las seis y cuarto de la mañana cuando lo vi, caminaba al trabajo, apretando el paso, con un gorro de lana y las manos en los bolsillos. El conjunto amortiguaba el frío. Al principio sólo veía luces: azules, naranjas, rojas... después vi el resultado, lo que hace el alcohol en cabezas vacías.

lunes, 7 de febrero de 2011

Un sueño

Hace años su recuerdo me asaltaba periódicamente, tanto, que salía a buscarlo. Una noche, hará cosa de un par de días, la imagen tomó forma de nuevo. Lo hizo mientras mi mente liberada se dejaba arrastrar por los acordes de la lira de Morfeo, y el consciente se desvanecía entre la vigilia y el sueño.
Volví a ver el final de aquel valle singular. Allí estaban las pequeñas casas y el pequeño puente sobre el arroyo, todo de refulgente piedra. El suelo enlosado brillaba bajo un sol de primavera, y al fondo, el verde de unas montañas sin caminos me obligaba a dar la vuelta.
La imagen era tan vívida que durante mucho tiempo la creí verdadera, se correspondía con mis primeras salidas en bicicleta, cuando todos los caminos y lugares eran nuevos, y era fácil desorientarse y perderse. Aquel sitio era tan mágico que muchas veces salí en su búsqueda. Una búsqueda infructuosa y frustrante, pero tenía una explicación, era un sueño. Desde hace muchos años lo sé, me confundió al principio porque no había nada de onírico en aquel paisaje, se le reconocía especial, hermoso, y real, tangible; sin embargo, era un sueño, una imagen que nunca existió si no en mi imaginación.
Seguro que cada uno guardáis la vuestra.

jueves, 3 de febrero de 2011

¿Qué harías con un minuto de tu vida?



Este corto de animación de Michael Reichert, cuyo título original es 1 minute fly, me sirve para recordarte que tienes una lista muy grande de cosas por hacer antes de que se acabe tu tiempo. Afortunadamente nuestra vida tiene muchos minutos, aprovechémoslos.

miércoles, 2 de febrero de 2011

En busca de Kurtz


Remonto el río, me interno tierra adentro, en lo profundo. Todo es nuevo, desconocido; recorro los meandros, vigilo los bajíos, avanzo en horas lo que a otros lleva meses, penetro en la jungla. Todo es espeso, oigo gritos aterradores, los prefiero a los inquietantes silencios. Sufro el hambre, el calor... El aire es denso, se puede tocar, nos acechan, la selva tiene ojos, después nada, sólo la niebla, la niebla que te abre las puertas, te invita a pasar, se cierra tras de ti. Todo es misterioso, salvaje, peligroso ... nos atacan, la locura, ¡el horror, el horror!. Al final, veré a Kurtz, me espera en "El corazón de las tinieblas".

martes, 1 de febrero de 2011

Cuando eres naufrago


El barco más grande es una cáscara de nuez, las noches sin luna portadoras de malos presagios. No esperaba bajar del camastro de aquel estrecho camarote proyectándome contra la pared como una bala de cañón, pero así de brusco fue el despertador, sonó como un trueno bajo los pies. Después oí campanas, gritos, golpes y gentes que corrían, noté la humedad en mis zapatos y me preparé para lo que nadie se prepara jamás.

El suelo pasó a ser el costado de babor y tuve suerte de poder agarrarme a una viga de madera que arrastrada por la corriente pasó junto a mi como la locomotora de un tren. De aquel día recuerdo lo fría que estaba el agua y lo larga que se hizo la noche, recuerdo como me cegó el reflejo del sol del mediodía y como se me agrietaron los labios, recuerdo lo eternas que se hicieron las horas y el bamboleo salado del mar infinito, pero sobre todo recuerdo la sirena que me empujó donde se llevan los naufragos. Sí, todo naufrago tiene su playa solitaria en una isla desierta.


El You never can tell de Chuck Berry te sentará de película

Otras cosas

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