domingo, 22 de noviembre de 2015

Vía de la Plata. El Cubo de la Tierra del Vino - Benavente. Etapa 8.

Etapa larga y guapa, 120 km en los que por segunda vez desde que comenzamos la andadura por la Vía de la Plata la jornada de pedaleo se prolongó hasta la tarde. 

Con un perfil muy favorable, como el de casi todos los días y con el amanecer un poco más fresco de lo que nos tenía acostumbrados ponemos rumbo a Zamora.


Y ahí estaba Jose dando las primeras pedaladas del día mientras el sol naciente iba recortando esa silueta tan suya de jinete de tiempos modernos con las plumas recogidas por el camino adornando su mochila y su espíritu libre. Viajero incansable, buen compañero y amigo, para el que nunca hay ningún problema porque se adapta a lo que toca como el agua a la vasija.


Alguno de los últimos y actuales miliarios que nos íbamos a encontrar en el camino. Viendo las fotos no me digáis que no dan ganas de coger la bicicleta y lanzarse a dar pedales por esas pistas que se pierden en el horizonte.








Desde El Cubo a Zamora hay poco más de 30 km. por pistas preciosas, llanas y de buen firme que se hicieron con buena temperatura, así que nos plantamos en la capital justo cuando el sol empezaba a calentar, y como Zamora era de los dos lugar conocido paramos el tiempo imprescindible para hacer unas fotos y sellar las cartillas.


A las puertas del albergue de Zamora, donde nos detuvimos brevemente a sellar las credenciales.


Inmortalizados delante de la catedral.


La Tierra del Pan nos dejó imágenes espectaculares como ésta, una de mis favoritas de toda la ruta.



La Iglesia de Montamarta, uno de los sitios emblemáticos de la ruta, un aliciente más en esta jornada.



De camino a Granja de Moreruela nos encontramos con alguna señal confusa. El trazado estaba afectado por obras del  AVE.



En Granja de Moreruela  se bifurca el camino hacia Santiago, a la izquierda vía Orense por el Camino Sanabrés, que quizá haya que probar algún día, y a la derecha dirección Astorga que fue el nuestro hasta Benavente. 

En Granja de Moreruela un par de bocadillos y unas refrescantes cervezas fueron el combustible para lo que restaba de etapa.


En Benavente nos alojamos en el hostal La Trucha, lo habíamos intentado previamente en el albergue pero estaba cerrado y las llaves se recogían en la oficina de turismo, oficina de turismo que curiosamente estaba cerrada un sábado por la tarde de un 11 de julio. Y es que a veces se nos olvida que esto es España, para lo bueno y lo menos bueno.

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