lunes, 20 de febrero de 2017

El Camino Primitivo III

La tercera etapa fue una etapa larga de casi cien kilómetros y nos llevó desde el embalse de Grandas hasta Lugo.

El día amaneció despejado, nada que ver con los dos anteriores y con la calma que corresponde a toda buena subida afrontamos el desnivel que nos habría de llevar primero hasta Grandas de Salime y prosiguiendo hasta el alto del Acebo. 









Pasamos por tantos sitios y tomé tan pocas notas que apenas puedo dar cuenta de donde están hechas las fotos, en Fonsagrada hicimos un alto para comer y descansar un poco y para resólver el problema recurrente de mi compañero con su portabultos trasero y su petate. En una bajada uno de los pulpos se desenganchó y se metió por la rueda. Un susto que sólo se quedó en eso pero al que había que darle solución. En una ferretería a la entrada de Fonsagrada nos hicimos con unas cinchas para amarrar su equipaje que cumplieron su cometido y resultaron menos peligrosas.

El día estaba muy caluroso y a lo largo de la jornada tuvimos que hacer unas cuantas paradas para hidratar. Fue en una de ellas a esas horas en las que la gente sabiamente se resguarda del calor o duerme la siesta mientras otros damos pedales que se nos ocurrió entrar en una casa a pedir un poco de agua con la que rellenar nuestros bidones, creo que fue antes de afrontar el Alto de Fontaneira, ¡En buena hora! En la única casa  que encontramos en la que parecía haber vida fuimos recibidos por un muy hospitalario paisano con un pedal de campeonato que entre cantes y bailes estaba empeñado en que bebiéramos vino, tanto insistió que no pudimos escapar de allí sin probarlo. Toreamos entre risas, conseguimos el agua y seguimos ruta.

 

En el cruceiro de Souto de Torres, a menos de veinte kilómetros de Lugo. Después de haber pasado todas las dificultades del día los últimos treinta kilómetros desde O Cádavo a Lugo se rodaba por terreno cómodo y rápido.


En Lugo el albergue estaba lleno y nos alojamos en una habitación en la buhardilla del Hostel Roost & Boost junto al puente romano sobre el Miño, nosotros la recordaremos como la habitación de Van Gogh. Un paseo por Lugo, una buena cena y estábamos listos para llegar a Santiago al día siguiente.

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