jueves, 14 de enero de 2010

¿Entiendes de arte?


Es difícil entender de arte y desde la perspectiva del profano no se puede entrar en profundidades, así que me conformo con distinguir entre lo que me gusta, lo que me deja indiferente y lo que me parece una tomadura de pelo. Esto último abunda en mi visión del arte abstracto, pero qué se le va a hacer cuando hay genios de talento indiscutible que después de pasar años estudiando bellas artes y siendo maestros de las más distintas técnicas, que dominan y con las cuales experimentan, se dedican a distribuir de manera aparentemente anárquica manchas de colores sobre los lienzos mientras los expertos alaban la expresividad, la fuerza, el sentimiento y un sinfín de virtudes que después otros reconocen creo que más por vergüenza que por otra cosa.
Hace un tiempo la organización Great Ape Trust, que se dedica al estudio y la conservación de los habitatats en los que viven grandes primates, organizó una venta de cuadros pintados por bonobos y orangutanes para recaudar fondos para sus proyectos de apoyo a la vida en libertad de estos animales con una buena acogida y yo después de ver algunos de sus cuadros los prefiero a los de esos artistas del starsistem. Sé dos cosas de esos cuadros, que el fin es justo y que en ningún caso pretenden tomarme el pelo.
Para finalizar te propongo este pequeño test. Estoy seguro de que acertarás el 100% pero si no lo haces tampoco pasará nada.

miércoles, 13 de enero de 2010

Una postal


Doy fe de que el Alto de la Fumarea estuvo cortado el fin de semana. Yo me aventuré el sábado y ni las cincuenta mil ayudas electrónicas de mi coche consiguieron que fuese mucho mas allá de Argañoso. Por suerte las ruedas empezaron a patinar en uno de los pocos sitios donde era posible dar la vuelta y la fortuna hizo el resto. Al final, pasado el susto, fue una divertida y fotografiada tarde.



martes, 12 de enero de 2010

Lo único que nos faltaba

Hubo en la salida bicicletera del domingo mucho de todo, mucho frío, mucho, hielo, mucha nieve y mucha precaución, no la bastante para evitar alguna que otra caída. Jose nos señaló enseguida el peligro. En Deva, al primer contacto con el asfalto se fue al suelo y tomamos ese aviso al pie de la letra. Rodando despacio disfrutamos de las vistas desde el área recreativa y hasta llegamos al Gavio. En la vuelta volvieron las caídas, nada importante, gajes del oficio, lo que tiene ir en busca de la nieve, esta vez más cerca que nunca. Realmente tener también la nieve al lado de casa era lo único que nos faltaba. Dos salidas blancas en veinte días creo que nos han calmado el apetito, al menos durante un tiempo. Ya veremos.


lunes, 11 de enero de 2010

11-e. Una efeméride local.



Hoy podía contaros como transcurrió este fin de semana blanco y hasta le podría contar a Fermín como estaba Argañoso, pero hoy quiero recordar una efeméride local. Es posible que el año que viene, cuando se cumplan los veinticinco, los diarios recuerden aquella noticia porque de la reciente historia de Gijón el 11 de enero de 1986 fue una fecha importante. Aquel fue el día en el que el barco Castillo de Salas encalló frente al cerro Santa Catalina. Todo un acontecimiento. Igual que en 1895 la gente acudía a ver la ballena varada en el Rinconín, éramos muchos los que nos acercábamos a la Atalaya para ver como aquel barco, que estaba tan cerca que parecía que se podía tocar, era desguazado por el oleaje. Notar la fuerza de la mar y ver en directo como partía el barco era impresionante.
El Castillo de Salas transportaba100.000 Tm. de carbón y esperaba para entrar en el puerto del Musel cuando el temporal le hizo garrear con el ya sabido final. Las consecuencias de aquel accidente se apreciaron regularmente durante años en la playa de San Lorenzo en la que las mareas depositaban el carbón que teñía de negro el arenal.
El fin de la historia está en la senda litoral junto al estacionamiento de Peñarubia. Un trozo del pecio, según parece elevado a categoría de escultura por obra y gracia del desaparecido Joaquín Rubio Camín, mira al Cantábrico exhibiendo una placa que recuerda aquella desgracia.
Dio para mucho, dio espectáculo, dio que hablar, dio noticias, dio trabajo y hasta una escultura, pero que no se repita, con uno tuvimos bastante.
De tanto recordar me viene a la memoria otro más inofensivo que durante un tiempo funcionó como bar y discoteca en el ahora Puerto Deportivo, El Ciudad de Algeciras. Seguro que también lo recordáis.

viernes, 8 de enero de 2010

El Segway


El segway tiene pinta de ser divertido, es una pena que no se vean más: eléctrico, silencioso, descapotable... no me importaría compartir espacio con el segway e incluso pilotarlo, pero soy tímido y sé que me sonrojaría al notarme el centro de las miradas en mis paseos por la ciudad, así que seguiré moviendo mis extremedidades y recorriendola como hasta ahora, disfrutando del anónimato.

Dos apuntes: para sumergirte en el centro de la ciudad nada mejor que el Downtown de Petula Clark y si tienes interés en probar estos cacharros, en Gijón los encontrarás en eco-lógica.

jueves, 7 de enero de 2010

Las Hoces del Pendón

Dicen que "lo bueno si breve, dos veces bueno" y la ruta de las hoces del Pendón P.R -AS45, en Fuensanta- Nava, recorrida a paso tranquilo, incluyendo una parada de media hora para comer, lleva unas tres horas y media. Está perfectamente señalizada y es tan corta como bonita. A principios de otoño y en primavera tiene que ser preciosa. Ahora muestra otros encantos, agua y árboles desnudos. No todos, algunos los más pudorosos se visten de musgo y líquenes y hasta dejan crecer helechos en ramas que crecen caprichosas. Esta es la parte mágica del bosque y del río que después se remonta en un ascenso suave hasta el Collao de la Canal desde el que se ven las cabañas de Mayáu Pastor. En toda la bajada las panorámicas de la comarca son espectaculares. Ruta para hacer con niños y que queda a salvo de la masificación de otras más populares y no por ello más bonitas.
Ahí, donde habita la xana fui con Adrián y mis amigos Manu e Ismael. Creo que todos disfrutaron esa mañana en la naturaleza.

miércoles, 6 de enero de 2010

Los Reyes Magos


Todos fuimos niños aunque en algunos cueste imaginarlo. De mi pasado de niño recuerdo la ilusión con la que escribía la carta a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente y que aquellas cartas o sus sobres tenían los bordes con los colores rojo y azul porque tenían que llegar urgentemente a su destino y lo más rápido era la vía aérea. No recuerdo a príncipes interrogándome sobre las notas ni sobre si había sido bueno o malo, pero si figuras de reyes, de cartón piedra que sostenían entre las manos una urna que hacía de buzón, a la entrada de las tiendas de juguetes y si la memoria no me falla en la calle Corrida a la altura de Fotocentro estaba el receptor de mis deseos.
Más tarde siendo como soy el mayor de mis hermanos oficiaba de guardián del secreto y ayudaba a mis padres a colocar los regalos sobre la mesa de la cocina. Sí, de la cocina porque nuestra casa era como las de "Cuéntame", nada de los lujos de ahora, vivíamos cuatro hermanos, nuestros padres, mi abuelo y un tío-abuelo, total que la casa era como las de los transformer cuando llegaba la noche se movían mesas y sillas, se desplegaban los sofás camas y los cojines y convertíamos nuestro honorable hogar en poco menos de lo que llamarían ahora un piso patera. Me estoy desviando del tema principal.
Con el paso de los años abrí el paréntesis en el que los regalos de Reyes quedaban convertidos en esa obligación-tradición hasta que sin darme cuenta, como el mundo gira y los animales crecen y se reproducen (ya llegará lo otro, no hay prisa), llegaron otros niños que empezaron a mirar con ilusión las comitivas de colores y volvieron a escribir con ilusión y esperar ansiosos la mañana del día seis para desenvolver los regalos nerviosos y sonreír, que de eso se trata. De eso y de sentir la tensión de una puerta que se abre mientras envuelves los últimos regalos.
Dos recuerdos en esta fecha para personas muy queridas, uno para quien se despidió hace tres años dejándome el día de Reyes más triste y otro para Su Majestad Dionisio Viña, durante muchos años el mejor Rey Gaspar que haya tenido Gijón. Buena gente.

martes, 5 de enero de 2010

Empezando el año




Los tres Joses también salimos en bici el fin de semana, salimos el domingo, con la única intención de recordar a nuestro cuerpo que no todo son mazapanes y turrones. Como este año no tocaba ninguna profecía de Nostradamus puedo confirmar que las cosas seguían igual que las habíamos dejado y que el roble de Lavandera sigue en su sitio.
A la vuelta y después de pegar un repaso a las monturas nos encontramos con un tal, Pablo Acero que a alguno le sonará y al que con un poco de tiempo y la promesa de arroparle con nuestro ritmo lento sé que recuperaré para la causa. Se le nota el brillo en la mirada cuando ve una bicicleta y recuerda viajes y anécdotas de aquellas aventuras no tan lejanas.

lunes, 4 de enero de 2010

Donde habita la Xana





En la última salida del año fui a buscar una xana, no la encontré pero sé que estaba allí, seguramente jugaba al escondite llevando ventaja.

sábado, 2 de enero de 2010

Llegué tarde

Llegué tarde. Como el conejo de Alicia (que mal suena esto), llegué tarde, me refiero al patinaje, hubiese necesitado haber nacido unos años más tarde para beneficiarme de los patines en línea que hay ahora en lugar de haber sufrido aquellos de plástico extensibles que los Reyes Magos me traían de niño. Cuando uno crecía un poco más lo único que cambiaba era el material, los patines de plástico eran sustituidos por otros parecidos con la diferencia de que eran metálicos. Y si los patines no permitían alegrías casi peor eran los pavimentos, si uno quería probar los artilugios la mejor opción era que tus padres te llevaran al Parque Isabel la Católica y aprovechar la minipista de cemento que hay al lado del Parador Molino Viejo ¡Que tiempos! Ahora miro con sana envidia como mis jabatos se desenvuelven con soltura sobre los patines mientras yo rezo todo lo que recuerdo y hago repaso de la avería que me puede suponer una mala caída. Todos mis escasos conocimientos de anatomía se empeñan en acudir a mi cabeza y me recuerdan lo alto que está mi centro de gravedad y la debilidad de mis ligamentos y huesos en comparación con el duro suelo. Sólo hay temor, ni una gota de adrenalina, sólo sufrimiento. Y encima el otro día pagué por ello, por calzarme unas botas con cuchillas que a la media hora me estaban machacando los tobillos y probar a deslizarme por la helada superficie de la pista de hielo de La Laboral. Al principio creí que era yo el que velaba porque el peque no cayese pero ese pensamiento no era mas que una distorsión de la realidad. Era justamente lo contrario. Salí indemne, no puedo pedir más.
Por favor echar un vistazo al vídeo de abajo a ver si veis lo mismo que yo.


Otras cosas

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